Y como no a las 6 de las mañana ya estábamos los cuatros despiertos, pese a dormir en una cama, en el barrio con paz de toda la ciudad. ¡¡¡No se como lo haremos en Madrid o Paris!!!
Así que desayunados a las 9 nos fuimos hacer compritas étnicas y a entregar las motos en el taller de BMW, donde el siguiente equipo recogerá “nuestras motos”. A las 11, devuelta descansamos un rato, antes de que la furgoneta viniera buscarnos para embarcar para Johanesburgo y luego Madrid, y Paris y Jerez.
Es el fin de nuestra aventura. Gracias a todos por seguirnos, en especial a nuestras familias que han seguido lo que estábamos haciendo, que nos han apoyado mientras lo preparábamos y que ahora tendrá que aguantar nuestras “batallitas” durante años. De corazón, muchas gracias.
Boyen, Bruno, Thomas y Jaime.
30.08.09 El día en Opuwo.
Nos habíamos quedado en mi pinchazo, que reparamos Bruno y yo en 30 minutos, lo que daba pruebas de que estábamos mejorando nuestra habilidad para solventar estos incidentes. De vuelta al
campamento, descubrimos que también la moto de Bruno estaba pinchada, pero esta vez, era la rueda de atrás. Como ya nos habíamos comido la mañana entera decidimos quedarnos un día más y disfrutar
de la capital de la región de los himbas. Boyen y Thomas que no se habían movido en toda la mañana, se marcharon a la búsqueda de los himbas, y a fuerza de buscar tuvieron un interesante
encuentro con su cultura y su forma de vivir. Mientras Bruno y yo seguimos descubriendo nuevas cosas de Roten, de su vida en Israel y en Australia, y demás cosas.
Nos acostamos como siempre a las 20 horas, ya que a la mañana siguiente toca hacer muchos kilómetros.
Jaime.
31.08.09 – Opuwo – Etosha.
La diana sonó a las 6:30 de la mañana, ya que había que desmontar el campamento para hacer los casi 500 km, que nos separaban de Etosha. Rellenamos el depósito de gasolina, y en seguida tuvimos un primer incidente con la moto de Thomas. Luego fue la rueda trasera de la moto de Bruno. Menos mal que era todo carretera y que no habría pistas, porque eso aumenta los incidentes.
El caso es que nos paramos en Kamanjab, para rellenar el deposito, y la situación de la moto de Bruno nos planteó la necesidad de repararla, lo cual, no es tarea fácil en un país como Namibia, donde abunda los “Tyre repair”, compuesto por una pila de ruedas viejas debajo de un chamizo. El caso es que fuimos a parar a “Casa Juanita o Falkemberg Garage”; cuando llegamos nos atendió una chica de unos 40 años que diagnóstico las motos como si de un jefe de servicio de BMW fuera. Empezó a dar ordenes a sus empelados, y en menos de una hora teníamos las motos perfectas. Fue como un ángel para nosotros, tanto por su trato y amabilidad como por su saber. Los cuatro coincidimos en que era la mujer perfecta de un buen motero. Después de las fotos de rigor, nos fuimos de camino para Etosha, por carretera, que son muuuuuuuuuuuuuuuuy abuuuuuuuuuuuuuuuuurridas. Rectas interminables. La llegada al campamento de Etosha acabó sin más incidentes. Abordábamos nuestra quinta noche de camping. Bruno batía su marca personal de noches de camping. Boyen también. Al final le estábamos cogiendo el tranquillo, a eso de acostarse y levantarse con el sol.
Jaime. Besos a Claudia y a Olivia.
01.09.09 Etosha
Otra vez madrugón... nos levantamos a las 05:30 para desayunar a las 6 y salir a un safari a las 06:30. Hace un frío canino pero nos hemos vestido con pantalón corto y camiseta porqué sabemos que luego harán 35 grados. Nos dan unas mantas que en primera instancia nos parecen “para viejos” pero que rápidamente demuestran ser nuestra salvación. Nuestro guía es muy animado y nos promete que veremos un poco de todo, leones, rinocerontes y con un poco de suerte unas cheetas.
La verdad es que hemos tenido mucha suerte porqué tras hora y media de ver cebras, jirafas y miles de springbok vemos a 3 leones, una hembra y 2 machos. Están acostados y casi no se ven pero otro coche nos avisa de su presencia. La suerte es que al minuto la leona decide levantarse y darse un paseo y acto seguido los 2 machos la siguen como fieles maridos. Todo esto a unos 100 metros de nosotros. Lo mejor está por venir ya que de repente la leona ve un Orix y decide ir a por él… no lo podemos creer, empieza a correr como un demonio y el Orix ni os cuento… pánico! Tras un primer intento fallido la leona lo intenta una segunda vez, es más rápida que el Orix pero está demasiado lejos y la leona se cansa rápido. Al final no se produce la caza pero ha sido un espectáculo emocionante, Thomas hasta ha logrado una escena de la persecución con su mega cámara Nikon. Esperamos poder colgar esta y otras fotos en algún álbum en internet, ya os avisaremos. El resto del día transcurre sin grandes emociones salvo una manada de elefantes tomando agua en uno de los muchos “water holes”. El safari termina a las 5:30 y tras 11 horas de coche estamos más cansados que un día de motos. Es nuestra última noche de camping (por felicidad de Bruno) y también la última cena con nuestro compañero de viaje Rotem.
Un recuerdo especial para mis niños que hubieran disfrutado un montón en Etosha con tanto animal. Prometo llevaros algún día!
Un abrazo, Boyen
02.09 Etosha – Windhoek
Arranca nuestro último día. Nos esperan unos 500 km de carretera y pistas y entremedia la despedida con Rotem que seguirá camino hacia Kaprivi y Botswana. La despedida es muy emotiva, ha estado con nosotros los 12 días de viaje y la verdad es que es un tío estupendo, tiene solo 24 añitos pero ha estado 5 años en el ejército Israelí y le ha tocado vivir de todo. Tiene por delante el resto de su viaje a Israel pero al mismo tiempo siente el vació de tener que seguir solo.
El resto del día es un regalo inesperado, hacemos casi 300 km de pistas de una arena que no habíamos encontrado en el resto del viaje. Al principio con algún temor pero rapidamente nos hacemos a ella y empezamos a disfruta como niños. La arena es roja, color ladrillo y fina fina… además acaban de lisar la carretera y apenas ha trazadas aumentando aún más el disfrute. En fin, una manera estupenda de terminar nuestra aventura por Namibia y que hizo que los 500km se hicieron cortos.
Thomás había seleccionado una pensión para Windhoek y tuvimos la gran suerte que al entrar en la ciudad un motorista BMW se acercó para averiguar quienes eramos y que hacíamos ahí. A lo largo de todo el viaje ha sido curioso ver como hemos sido objeto de fotos de casi todo turista que nos cruzamos. Debían pensar que somos unos locos o quizás al contrario, que suerte teníamos al visitar el país montados en unas motos.
El señor en cuestión nos lleva a nuestra pensión y descubrimos que estaba llena así que nos recomendaron otra que la verdad fue la bomba, quizás después de 6 días de camping nuestro parámetro de comparación no era el más alto…. Salimos a cenar, nuestra cena de despedida, fuimos a un Portugués / Angoleño, cenamos fenomenal y luego Jaime y Bruno querían salir a tomarse una última copa pero yo y Thomás estábamos acabados y al final aguamos la fiesta y terminamos volviendo todos a la pensión.
Jour 1: Cap Town – Springbook
Prise en mains des motos, nous sommes charges comme des mules, nous quittons notre hôtel de Table Bay, et nos chambres donnant sur les montagnes entourant Cap Town.
La tête est encore un peu lourde de la soirée de la veille.
Nous partons pour 500 kms avec pour but la frontière Namibienne, non pas a 4 mais a 5 ; en effet, Rotem, un Israelite de 25 ans nous accompagne.
Quelle belle aventure, 1 an en Australie à voyager en Land Cruiser avec son meilleur ami, 24000kms plus tard, il pose ses valises dans une ferme du Queensland pendant 9 mois travaillant d’arrache pied pour atteindre son but : Long Way Up de Cap Town a Haifa en moto.
Lignes droites interminables, beaucoup de vent latéral.
Nous trouvons enfin une pompe a essence, les réservoirs sont vides, il ne reste que 6 kms d’autonomie a Rotem.
Nous n’atteignons pas la frontière, nous sommes partis tard de Cap Town.
A Springbook nous trouvons un motel, 1ere nuit, nous avons hâte de trouver les 1eres pistes.
Thomas
Jour 2 : Springbook – Fish River Canyon
Lever 5h du matin, départ 6h, il fait un froid de canard 3ºC.
Bruno à oublier que la conduite est a gauche, les phares d’un camion finissent de le réveiller, grosse frayeur !
Nous arrivons à la frontière avec une certaine émotion. La frontière est posée dans un Canyon, une rivière séparant les 2 pays.
L’accueil des douanes namibiennes est très désagréable compare a l’accueil chaleureux des sud africains.
Ca y’est nous sommes en Namibie !
Nous touchons enfin les premières pistes, peu sablonneuses et très roulantes, qui nous mènent à Ai Ais. Dans un désert de rocaille une longue faille de plus de 150 kms profonde parfois : le Canyon de Fish River.
Nous arrivons a Ai Ais situe au bord de la Fish River (la plus longue de Namibie), et qui possède des sources thermales.
Nous partons faire un petit treck pour grimper au sommet des montagnes qui nous entourent. Quelle vue.
Nous décidons ensuite d’aller à un «point de vue » du Canyon éloigné de 65 kms.
10 kms avant d’arriver, Boyen crève sa roue arrière et pour une fois nous n’avons pris aucun outil. Il est 17h, le soleil se couche dans 1 heure, impossible de réparer, il nous faut retourner au camping.
Nous cachons dans la savane la moto et je prends Boyen derrière moi, nous reviendrons demain matin changer la chambre a air.
Retour au camping, détente dans les eaux thermales, diner et préparation du camp.
Un couple catalan super sympa nous prête de quoi monter un toit de fortune car nous n’avons pas de tente.
Il est minuit, nous nous couchons, le froid nous épargne, il ne gèlera pas cette nuit. 1ere nuit de camping à la belle étoile.
Thomas
Jour 3 : Fish River Canyon – Sossusvlei
Lever 6h, le lever de soleil est superbe, les montagnes se parent de couleur ocre.
Le plein fait, nous retournons charges comme des mules, Boyen derrière moi et le matériel sur les motos de Bruno et Jaime.
1er test de mécanique, changer une chambre a air ; bilan 1h45, nous avons galère pour remonter la roue.
Le réservoir de Boyen n’a pas été rempli au camp site, il tombe en panne d’essence 1h30 plus tard ; les pompes a essence sont rares et les distances très importantes.
Jaime et moi partons chercher des bidons, 1h30 de perdu !
Nous avalons les pistes avec prudence car il n’est pas rare de voir des animaux traverser la piste devant nos roues (vaches, chèvres, Kudu, Springbook, ânes, chevaux…).
Les paysages du Pro Namib (région bordant le désert du Namib sur son côte est) sont une succession de plaines arides et de montagnes.
Je n’ai pas encore l’impression d’avoir accède a la Namibie telle que chacun peut l’imaginer.
La piste de plus en plus sablonneuse nous mène a Bethanye pour un dernier ravitaillement, la nuit commence à tomber, il nous reste encore 150 kms à parcourir pour rejoindre Sossusvlei.
Bethanye, une simple pompe a essence, quelques maisons perdues dans la savane, mais un instant a jamais grave dans nos pupilles : le ciel bas d’un bleu profond tranche a merveille avec les ocres de la terre et les couleurs vertes et jaunes de la savane.
Calmes et sereins, nous décidons de poursuivre la route de nuit afin de rejoindre le Camp Lodge réserve depuis Madrid.
2h de pilotage délicat mais prudent pour arriver au Sossusvlei Lodge, ou nous goutons notre premier Braai (BBQ Namibien). Nous goutons au Kudu, Oryx et Sprinbook : délicieux !
Thomas
Jour 4 : Sossuvlei
Lever 5h30 et départ pour les dunes de Sossusvlei, les plus hautes du monde
65 kms à travers cette vallée du désert du Namib qui se fraye un passage aux milieux des dunes de sable rouge, rose et ocre.
Les 5 derniers kms doivent se faire en 4x4, il est interdit de passer en motos, dommage la piste sablonneuse donne vraiment envie.
Nous partons grimper la plus haute dune du site 400m, le soleil tape fort, nous ne serons que 2 au sommet.
La vue sur la mer de dunes est impressionnante. A nos pieds Dead Vlei, paysage mystique compose d’arbres morts figes dans une cuvette de croute de terre, blanchie par la sécheresse, qui se remplit d’eau a la saison des pluies, spectaculaire !
La descente de la dune sur sa partie la plus verticale nous donne des frissons, mais quel plaisir.
Le soir petit BBQ au camp, 2 cocottes viennent roder pour quémander un peu de nourriture, nous nous couchons tôt, la journée d’hier a été longue.
Le moral est bon, l’équipe soudée.
Thomas
Jour 5 : Sossusvlei - Swakopmund
Nous partons à 7h direction la côte atlantique.
Nous sentons que nous approchons de la mer, la température est plus fraiche, et 30 kms avant Walvis Bay, le paysage change du tout au tout. Fini les dégrades de jaune et vert de la savane, place aux couleurs grises, noires et blanches du desert aride du Namib, et aux odeurs charges en iode.
La côte est blanchie par l’écume des vagues, la mer à l’air très hostile, ce qui n’empêche pas une multitude de pêcheurs de l’affronter.
Swakopmund est une petite cite balnéaire, coincée entre l’Atlantique et les dunes du desert du Namib, crée fin 19eme par les allemands. L’influence allemande est encore très présente tant dans l’architecture, de style bavarois, que dans la langue utilisée : toute la signalétique est double allemande Afrikaner. Certaines personnes âgées ne parlent ni anglais ni Afrikaner, troublant.
Nous décidons de nous accorder un petit plaisir : une excursion dans les dunes en quad : quelle adrénaline, dérapages, sauts, wheeling, montées et descentes verticales, surf sur les dunes, bref 2h de pur plaisir.
Le diner est une vrai déception, pas de langoustes, les fruits de mer et le poisson sont vraiment mauvais, heureusement que le vin sud africain est excellent. Marie, j’ai enfin retrouve du Bellingham.
Thomas
Jour 6 Swakopmund
Journée de brume très épaisse.
Le pneu arrière de Boyen est vraiment en mauvais état, il faut le remplacer. En Afrique le temps n’a pas la même valeur qu’en Europe, nous sommes prêts à partir vers 14h.
Nous décidons finalement de rester pour une nuit supplémentaire afin de modifier nos plans.
Aller jusqu'à la frontière Angolaise pour rejoindre Epupa Falls ne sera pas possible. Les pistes sont vraiment très mauvaises, et nos motos sont vraiment en mauvais état. Les pneus sont déjà bien uses, mon frein arrière est quasi inexistant et surtout l’amortisseur avant est casse depuis le départ. Sur le sable je m’en sors mais des qu’il y’a des pierres la moto souffre vraiment.
Nos motos ont deja fait entre 45 et 75000 kms et il reste encore des équipes après nous. Le but final étant que ces motos retournent par la route a Madrid bouclant ainsi leur tour du monde.
Nous décidons finalement de pousser au nord jusqu’au Kaokoland puis de bifurquer au sud est pour voir le parc d’Etosha.
Le diner est un régal, langouste et huitres au menu.
Thomas
Jour 7 Swakopmund – Twyfelfonteim
Le brouillard est très épais, le départ se fait dans le froid (12ºC) et l’humidité, la visibilité est très réduite. Nous longeons la côte, on entrevoit un chalutier échoué sur la plage, nous bifurquons soudain plein est pour nous enfoncer a l’intérieur du desert. Le brouillard disparaît subitement, le mercure grimpe en fléché.
Nous entrons dans le Damaraland qui nous ouvre les portes d’une Afrique plus authentique, plus sauvage : les couleurs sont plus obscures, les paysages plus montagneux.
La piste est un vrai regal, sorte d’immense toboggan qui nous mène à Twyffelfontein ou nous plantons notre tente.
Délestes des bagages, nous partons voir les peintures rupestres des premiers bushmen, il y’a 5 a 6000 ans.
Les peintures servaient de moyen de communication entre générations pour indiquer les points d’eau et les zones de chasse.
Les guides font tous partie de l’ethnie des Bushmen. Leur langue composée de 4 clicks bien distincts est facilement identifiable.
Jaime retourne au camp pendant que nous partons a la recherche des éléphants du désert qui sont caches dans le lit des fleuves assèches.
L’expérience n’aura pas dure longtemps, le sable est profond et très mou, les motos très lourdes.
Retour au camp pour une bonne douche et un bon diner.
Thomas
Jour 8 Twyfelfonteim - Opuwo
Quelle nuit. J’ai dormi à la belle etoile dans un hamac, laissant mes camarades dans les tentes. Je suis frais comme un gardon.
La piste un vrai regal pour le pilotage : plus de virages, plus de montagnes, plus de franchissements de rivières, nous sommes sur un vrai « Roller Coaster ».
Une voiture nous indique qu’il y’des éléphants du désert qui viennent de traverser la piste a 5kms.
Nous arrivons juste à temps pour les repérer et nous partons à pied derrière eux pour nous approcher au plus prés.
Il y’en a 3 : la femelle, la plus imposante, son bébé et un male. Ouaaaahhhhhhhh !
Nous poursuivons notre route croisant zèbres, oryx, autruches et springboks jusqu'à Ongongo River dans le Koakaland.
Le camp est pose dans le lit asséché et encaisse de la rivière, au bord d’une petite cascade d’eau chaude. Superbe.
Malheureusement nous ne camperons pas la car le camp est ferme, donc ni eau ni nourriture.
Nous retournons au village ou il y’a un unique magasin. C’est l’attroupement et notre premier vrai contact avec la population. Une flopée d’enfants nous entoure, quelle émotion de voir ces petits visages brûles par le soleil et macules de terre jouer et danser avec nous.
Nous sommes assommes par la chaleur frisant les 40ºC. Un bon coca et c’est reparti destination Opuwo, et l’ethnie Himbas.
La route est magnifique, de plus en plus étroite et montagneuse, de moins en moins fréquentée et de plus en plus piégeuse.
Petite sortie de route sans conséquence dans un des nombreux virages de montagne, aveugle par le coucher de soleil et gêne par l’absence d’amortisseur avant qui rend la conduite de plus en plus compliquée.
A 35kms d’Opuwo, Jaime crève sa roue avant, nous faisons une réparation de fortune qui ne tient que quelques kms.
La nuit tombe, nous décidons de cacher la moto dans le bush et de revenir demain pour réparer. Nous finissons l’étape de nuit. Le moral est excellent même si les organismes commencent à être fatigues.
Marie, Niels, Lena et Mats vous me manquez, je pense fort a vous.
Tomás
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